domingo, 3 de mayo de 2009

BERNHARD HEINRICH ROMBERG

Nació en Oldenburg en 1767 y pasó su infancia en Münster. Su padre, que tocaba el fagot, y su tío, meritorio clarinete y director de coro, le iniciaron en los rudimentos de la música. Estudió el violonchelo con Schilck y con Marteau, vie­nés de origen francés. También se cree que recibió lecciones de algún violinista, lo cual puede explicar la posición exageradamente oblicua de su mano izquierda sobre el diapasón.

Niño prodigio, daba conciertos a los siete años junto con su primo Andreas, que más tarde alcanzaría una notable consideración como violinista. En 1784 ambos adolescentes probaron suerte en París, donde la presentación en los salo­nes del inevitable barón Bagge resultó un éxito que les abrió las puertas de los Concerts Spirituels.52 Allí conoció a Viotti, el virtuoso violinista italiano que es­taba revolucionando la estética y la técnica de su instrumento, a J.-P. Duport y a los demás festejados solistas del momento. De vuelta a Münster, Romberg, a los 17 años, era consciente de que su talento debía ser consolidado con una etapa de intenso estudio. El año 1790 será crucial para su desarrollo artístico ulterior. El arzobispo de Colonia, amante del arte y de la música en particular, que contaba con eminentes músicos en su capilla de Bonn, invitó a los Romberg a unirse a ellos. Allí encontraron Andreas y Bernhard a Beethoven, que era organista; a los Ries, familia de conocidos músicos, como los Danzi, y al gran violonchelista de origen checo Franz Reicha.53 Es sabido que tocaron tríos (Rie_ al violín y Beethoven al piano), cuartetos (con Ries y Andreas Romberg como violines y Beethoven como viola) y muchas variaciones de conjuntos de música de cáma­ra. El ambiente intelectual era propicio, las novedades bien acogidas. Bonn, ciu­dad universitaria bañada por el Rin, parecía un colmenar con tantos intelectuales sensibles a las ideas de la Revolución francesa... Justamente, es esta revolución la que les obliga a abandonar Bonn para establecerse en Hamburgo. Deseando evi­tar el teatro de las guerras napoleónicas, Romberg inicia largas giras por Aus­tria,54 Inglaterra y el sur de Europa, Portugal, Italia y España. De su grata estancia en la corte española nos quedan dos ejemplos, el Capricho y rondó en el gusto español y el Fandango en el último tiempo del segundo concierto en Re mayor. París, tras los extraordinarios éxitos de sus conciertos, le ofrece una plaza de profesor en el Conservatorio, en 1801, teniendo a Bréval como colega y a Cherubini como director.5s El profesorado en la capital francesa no debió intere­sarle demasiado, ya que dos añQs después volvió a Alemania. En 1805 va a Ber­lín, donde toca con los Duport. El peligro de la invasión de Prusia por los ejérci­tos de Napoleón le aconsejó alejarse y visitar Rusia, país por el que desde hacía tiempo sentía una inmensa curiosidad. Desde 1809 hasta 1813, sus innumerables conciertos en Moscú, San Petersburgo y otras muchas ciudades fueron clamoro­sos éxitos. De este período nace la profunda amistad con los hermanos Wiel­hovsky. Mateusz será su alumno y le dedicará su séptimo concierto. Es indudable que, al margen de la influencia de los primeros italianos, las frecuentes estancias de músicos como Duport, Romberg y, más tarde, Servais contribuirán decisiva­mente a la popularización y al desarrollo del violonchelo en Rusia.

Romberg pasa unos años en Berlín, donde es J;1ombrado 'director de ópera y violonchelista de la corte; el resto del tiempo vive en Hamburgo. Se encuentra en el apogeo de su gloria. Si tenemos en cuenta los continuos viajes con los limita­dos y lentos medios de comunicación, es admirable comprobar la capacidad de trabajo del Romberg compositor. En París publica los conciertos opus 1,3,6 Y 7, más algunas pequeñas pieces de caractere, sin, olvidar su método editado en 1839, aceptado como método oficial del ConserVatorio de París.

La ascendencia latina en sus obras no debe extrañar, pues es comúnmente sabido el respeto que el virtuoso alemán profesaba por los Duport y Boccherini, aunque su carácter germánico le empujaba a una sobriedad de estilo que con­trastará, décadas más tarde, de forma evidente entre violonchelistas del tipo de Servais, Piatti y Franchomme de un lado y de Dotzauer, Grützmacher o Klengel de otro. Si el paso del tiempo ha erosionado el valor musical de muchas de sus obras, sus conciertos siguen siendo una fuente inagotable de estudio, un material indispensable para la adquisición de una sólida base del repertorio.

Popper y Davidov,56 dos gigantes del violonchelo, admiraban esas obras y las hacían tocar obligatoriamente a sus alumnos. Los Conciertos de Romberg son, en general, de factura clásica con un Allegro, un Moderato o tiempo lento y un Rondó. Hay que esperar la llegada de Davidov para que, con sus Conciertos y su Allegro de Concierto, los violonchelistas tengamos una continuación de las obras de Romberg.

Bernhard Romberg falleció en Hamburgo, su ciudad de adopción, en agosto de 1841. Poseía un excepcional Stradivarius de la mejor época, fechado en 1711. A su muerte, docenas de violonchelistas, en varios países europeos, habían aprovechado sus enseñanzas y sido inspirados por su envidiable virtuosismo. Entre ellos, su hijo Karl y su sobrino Cyprian, que desarrollará una importante actividad en Rusia; A. Prell, F. Kümmer, A. Press, J. Ritz, J. Dotzauer y el francés L.-P. Norblin, que será profesor en el Conservatorio de París

Patrizia**

1 comentario:

  1. No he podido dejaros el enlace del concierto porque aún no he encontrado ningún video. Intentaré encontrar algo.

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